Un Huevo Ideas (revista Un Huevo), la empresa dirigida por el humorista Pablo Aguirrezábal, realizará talleres unitarios el 31 de octubre y el 7 de noviembre. El primero será “Humor en la redacción” y será dictado por Juan Ignacio “Marindia” y Pablo Aguirrezábal. El otro, “Humor gráfico” por Guzmán Iglesias y Gervasio Della Ratta.
Sentado en una silla de su desordenada casa, en medio de una mudanza, el director de Un Huevo conversó con 180 sobre los talleres. “Se trata de compartir el humor y los humores distintos. Estamos abiertos a que aparezcan distintas formas de reírse y hacer reír, pero no estamos buscando que salgan humoristas”, explica Aguirrezábal. “El humor siempre ha sido muy degradado socialmente, cuando uno hace las cosas con humor se cree que es una pavada”, asegura.
El humor
Para Aguirrezábal se puede ser humorista de “un día para el otro”. “No es como cantar, que si uno nace con una gran caja torácica y una mejor voz, corrés con ventaja. En cuanto al humor, de chiquito podés ser más gracioso o en los asados hacer reír, pero a la hora de hacer humor juegan otras cosas que tienen que ver con tu forma de ver la realidad y entenderla”, explica.
¿Hay humores que no te gustan?
Sí y por momentos me parece bien que estén y me hacen reír, pero la gran cantidad de momentos no. Hay humores agresivos implantados desde hace mucho, que manosean el sexo y el cuerpo de la mujer. Creo que eso tiene que ver con cosas que la sociedad reprime.
¿Tinelli?
Claro, ni hablar. A mí me gustaba mucho antes cuando hacían partes más absurdas. En Carnaval pasa mucho, se ríen de cosas que no puedo creer.
Por ejemplo, cuando alguien se disfraza de mujer...
Sí, capaz que en la década del 80 nos hacíamos chilenas, pero ahora estamos en otra sociedad y no vale la pena. No asustás a nadie con el cuplé del travesti y sin embargo hay gente que continúa insistiendo. Es gente que está reprimida. La sorpresa es fundamental, lo que dice (Alejandro) Dolina, de poner las cosas donde no van. También pasa que en Carnaval y en la televisión se escribe lo que el público quiere escuchar. La gente se ríe, pero habría que ver si eso es humor.
¿A qué te referís con eso?
Por ejemplo, en Carnaval – pobre Carnaval, siempre le doy palo – se habla de los personajes del año, los partidos políticos o el fútbol, entonces si decís algo de un jugador de Nacional, los de Peñarol van a estar re contentos. Ahora, ¿eso es humor o te reís de Mujica porque sos colorado? La gente se entusiasma o se pone contenta porque le gustó que dijeran eso.
¿Cómo ves al humor en televisión?
Es más feo. Me parece que los jefes de programación de los canales abiertos no tienen el mismo gusto que tengo yo, a veces ni siquiera la misma ética. Lo otro que tiene en contra es que es facilista, no hay contenidos interesantes y si uno cae ahí, corre el peligro de ser un dinosaurio más, con tela de arañas y haciendo siempre lo mismo.
¿De esos temas se va a hablar en los talleres?
No vamos a decir si esto es así o asá. Creo que sí hay que saber de qué se alimenta uno día a día. Si mirás Tinelli, va a escribir sobre Tinelli y las mujeres que bailan en el caño. Si te rodeás de gente linda, creativa y con buenos pensamientos, tu humor va a ir por ese lado.
El humorista
Aguirrezábal dice que “cayó” en el humor de “paracaídas”. Empezó en la murga La Mojigata y escribía la parte más seria. “Lo hacía porque tengo una sensibilidad muy volcada a decir lo que pienso acerca de la injusticia y la impotencia de mucha gente que sufre. Me ponen mal esas cosas y me angustio. Tuve un año en que escribía como tres canciones por día”, dice.
Él cree que necesitaba encontrar un lugar para vehiculizar su “sensibilidad”. “Por suerte encontré el humor como la mejor forma. No literal, o sea, con las cosas que hago no estoy protestando acerca de las injusticias, pero por momentos me comunico mucho mejor y siento que sigo opinando lo mismo que cuando escribía cosas serias”, dice.
Un Huevo es hoy su proyecto personal más importante. “Yo confío mucho en Un Huevo. No creo que sea lo que la sociedad necesita, ni mucho menos, pero si tiene que ser un lugar en el que toda gente que anda alrededor, actores, escritores, fotógrafos, dibujantes y tanta gente con ansiedad de mostrar lo que tiene de forma humorística, que me parece una macana que no haya un lugar que se los permita. Eso sí, tengo que estar muy atento, porque si no es redituable dura pocos años”, cuenta.
¿Cómo empezaste a hacer humor?
Un día lo hice y me pareció que estaba bueno, fue en el 2003. Empecé en radio y también escribí, pero nunca pensé que iba a hacer chistes. Tampoco creo que mi humor sea un humor de chistes.
¿Seguís escribiendo cosas serias o el humor te consumió el tiempo?
El humor imperialista me consumió todo. La parte seria la llevo en otras cosas, en mi familia, a la hora de votar, de militar o de debatir con alguien sobre las cosas que están pasando.
¿Tu color político te condiciona para hacer humor? (es frenteamplista)
No me pesa. La última Un Huevo fue un poco más política, porque nos entretuvo más el tema de la derecha queriendo volver al poder en Latinoamérica. Se que a mucha gente le cae mal, pero siento que la izquierda, como yo la considero, no es política partidaria. Es otra cosa. Las campañas te hacen creer que es un cuadro de fútbol y yo pienso que es mucho más profundo. Tiene que ver con una sensibilidad y un sufrimiento de la gente que nace sin oportunidades y todo eso trasciende al baile del Cuqui o a si Mujica dijo tal cosa o tal otra.
¿Se puede hacer política por medio del humor?
Cuando intento hacerlo le erro. A otras personas les va bien. Yo trato de no hacer política por medio del humor, no porque no quiera, si no porque me sale mal. Lo tomo tan en serio, por ejemplo, la anulación de la ley de caducidad, que no puedo decir nada humorístico.
A la hora de ser espectador, ¿sos difícil de hacer reír?
Sí, me gustaría reírme más. En la cotidiana, con mis hijas o con amigos, me río, pero en espectáculos me cuesta bastante. Siento que a veces podían haber hecho algo mejor. Y de mí mismo ni te digo, a veces no puedo creer lo que hago. Cuando veo un espectáculo que me hace reír o entusiasmar, lloro. Creo que eso está bueno a la hora de ser espectador, esperar a que llegue algo que te mueva.
¿Qué cosas te mueven?
La simpleza siempre me gustó más que la complejidad. Específicamente en el humor, Les Luthiers y el humor pavo que tiene por momentos me gusta. Dolina es un tipo que tiene una complejidad enorme, pero a mí me hacen reír mucho esas visiones sencillas de la realidad. Chaplin y Buster Keaton que con cine mudo, a través de lo corporal – a mis hijas les encanta también – van a seguir para siempre.
¿El humor está en tu vida personal?
Me encanta usarlo y cuando lo hago me siento re contento. Paso diciendo pavadas, en mi familia o en el ómnibus le meto un pique al guarda. Pero a veces no lo puedo usar, por ejemplo, como padre de familia o como director de una empresa. Parece extraño, pero parece que le estás quitando importancia a lo que decís. Me encantaría usarlo, lamentablemente no puedo. Creo que podemos llegar a un mundo donde se entienda que te lo digo en joda, pero no por eso es menos importante.
Cuando llegás a una reunión, ¿todos están esperando que hagas un chiste?
Si, a eso lo odio, lo detesto. Un compañero me pidió que fuera a hablar a un evento los otros días y siento que la gente me ve cara de stand up. Me mirán como diciendo “perá que está a punto de decir un chiste”. Por eso trato de no abusar.
¿Cuando empezaste a ser humorista, recién ahí el humor entró en tu vida?
No, de grande empecé a conocer gente que tiene muy metido el humor en su cotidianeidad y que son muy graciosos. Supongo que esa alegría me hizo pensar que estaba buenísimo vivir así.
Una pena, llegó Sergio
Mientras conversábamos, llegó un personaje que desde que apareció dio un giro a la vida de Aguirrezábal y le permitió vivir del humor. Un día, Gonzalo Camarotta, Salvador Banchero y Carlos Tanco (Justicia Infinita) decidieron invitar a formar parte de su programa a Sergio Pena. Comenzó haciendo efemérides y ahora dicta cursos diariamente. Pena se define como “un tipo muy parecido a Pablo, pero un poco más exagerado y con la voz un tanto diferente”.
Aguirrezábal, en cambio define a Pena como “un loco más que tiene un caos en la cabeza, participa del programa y lo hace más torpe. Por momentos lleva sus propuestas, pero no le gusta trabajar”. Pena se indigna. Dos minutos después le da la razón. Es un tipo caótico.
Muchas veces sus compañeros de la radio los confunden. Incluso la gente dice “lo vi a Sergio Pena en tal lugar” y era Aguirrezábal el que estaba allí. Sergio cuenta que los otros días venía caminando por la Plaza Independencia y un tipo le dijo “¿vo, Sergio al personaje de Pablo Aguirrezabal cómo lo venís llevando?”. Al principio, cuando Sergio entró a la radio Océano, pocos sabían que también existía Pablo, pero después lo fueron conociendo.
Pena, ¿cuál es el mejor alumno que tiene?
Sin dudas, Salvador anda bien. El otro es bravísimo.
¿Se lleva mal con Camarotta?
Ah, pasa que es ¡tremendo!
¿El programa tiene una audiencia grande gracias a usted?
Gracia a dio, sí. El programa sube la medición cuando empieza mi columna.
¿Usted podría tener su propio proyecto?
Ahora están refritando algunas cosas mías en Un Huevo y me parece que podría andar ahí. También con Edison Campiglia estuvimos por hacer un programa, pero quedó por ahí.
Pena no quiere hablar más y se va.
La mujer de su vida
Aguirrezábal sostiene que a través del humor encontró el “vehículo” para expresarse, pero no es “la mujer de su vida”, no es su “vocación”.
¿Te has planteado cuál sería tu vocación?
Siento que tiene que ser algo más social. Lo que más me mueve es sentir que hay muchas cosas que están mal en el mundo y en nuestro país. Creo que mi vocación va más por ese lado. El humor me cayó, lo agarré y lo uso porque me entretiene, me ayuda mucho y me comunico mejor.
¿Hiciste alguna carrera por el lado de lo social?
Estudié muchas, pero en ninguna terminé ni el 10%. Humanidades, sociología, ciencias políticas, historia, derecho, relaciones internacionales, comunicación, cine, bellas artes, de todo un poco. La que más me agarró como profesión fue ser docente de historia, me gustaría hacerme un lugar, pero en este momento tenemos familia y hay que darle de comer.
El costo de cada taller es de 300 pesos e incluye el almuerzo y materiales. Los interesados pueden comunicarse a unhuevotalleres@gmail o al 098 25 26 27.