Gabriel Quirici

200 años del nacimiento de Karl, el Prometeo burgués de los desposeídos

"Marx allá" de sus predicciones.

Actualizado: 04 de mayo de 2018 | Por: Gabriel Quirici

1. Introducción: más acá de Marx

Es difícil resumir el legado de Marx con tanta experiencia realizada en su nombre e inspirada en sus escritos. Desde la URSS a China (hoy mismo Xi Jin Ping dedicó la sesión de la Asamblea China a Marx), pasando por Cuba y Vietnam tendríamos para miles de páginas. Y si agregamos las cátedras marxistas o los torneos intermarxianos (ahí donde se discute quién es el “más marxista”) la cosa no acabaría nunca. Pero es posible sí, intentar presentar brevemente lo que Marx dejó en vida, y dar una mirada a su obra antes de que otros la empezaran a actuar.

*Realizar una gran síntesis filosófica de la modernidad

*Desarrollar una importante crítica económica al capitalismo con herramientas de la economía clásica

*Aportar una mirada histórica a la evolución social de la humanidad con una promesa de paraíso en la tierra

*Elaborar un método de análisis complejo y abierto para las ciencias sociales

*Promover la Asociación Internacional de Trabajadores y discrepar con la socialdemocracia

 

El centro de esta columna es compartir algunos aspectos de la persona que nos parecen interesantes como para comprender un poco más por qué produjo todo lo anterior.

Marx como Prometeo encadenado (Gaceta Renana, 1843)

Un prometeo universalista

El de 5 mayo de 1818 nacía Marx en el seno de una familia judía de clase media alemana y conversa al protestantismo El padre se convirtió de joven pese a no tener una práctica habitual, porque veía limitada su posibilidad de desempeño profesional en Alemania. Karl tuvo abuelos rabinos matemáticos, se formó en un entorno urbano liberal y estudió en un colegio jesuita. Interesante combinación de tradiciones y cultura en un contexto movido por las sucesivas oleadas revolucionarias (1820, 1830 y luego 1848) que sacudían a Europa desde el fracaso de la Restauración absolutista. Se apasionó por las obras clásicas, por el racionalismo, la poesía romántica y se definió ateo.

Su padre quería que estudiase derecho. Arrancó para ahí en Bonn pero luego se volcó a la filosofía en Berlín y se doctoró estudiando a Demócrito y Epicuro. Ya precozmente se hizo popular entre los filósofos de vanguardia en Prusia. “Prepárate para conocer al más grande y probablemente, el único verdadero filósofo vivo… El doctor Marx, pues ese es el nombre de mi ídolo, es todavía un hombre joven (tiene veinte años apenas). Le dará un tiro de gracia a la religión y a la filosofía medievales; en él se alían el espíritu más mordaz y la más profunda gravedad filosófica: imagina a Rousseau, a Voltaire, a Holbach, a Lessing, a Heine y a Hegel fundidos en una sola persona…” dijo Moses Hess cuando Marx tenía 24 años.

Bajo el apodo de “el negro” vivió también muchas tenidas literarias y varias borracheras en las tabernas (por alguna resultó detenido como alborotador). Se enamoró de una vecina, Jenny Von Westphalen, que era de la nobleza (cuyo apellido podemos traducir para seguir jugando con el gionista de Dios como “caída de occidente”). Quien luego se convertiría en su esposa y compañera de vida, en medio de exilios, penurias económicas y enfermedades que asolaron a la pareja y sus hijos. Ese fue Carlos Marx, el genio burgués errante que dedicó su vida a estudiar y criticar al capital con la ayuda de un amigo de familia industrial como Engels que lo financiaba y le espantaba prestamistas.

Aquel Marx, que cumple 200 años, se devoraba los clásicos y trataba de seguir minuto a minuto la situación internacional, pero se desordenaba en la escritura y demoraba en sacar los libros comprometidos con las editoriales. Mientras, sentía que al defender a los obreros se acercaba al paraíso perdido de un progreso solidario de la humanidad y se peleaba con todos los que no tuvieron el rigor científico o sus puntos de vista.

2. París-Bruselas-Colonia: “Prometeo” exiliado

La cuestión religiosa es interesante en el personaje, porque más allá de su ateísmo y del titular difundido (y recortado) de la religión como “opio de los pueblos” (que versa sobre lo útil de esta para abatir los sufrimientos), su ADN rabínico lo vincula con abuelos talmúdicos, muy buenos en la matemática y dados para el cálculo y la especulación filosófica. Por lo que podemos decir que fue un ateo con pedigree judeo cristiano burgués. Nació en un ambiente burgués y liberal. Y en su concepción de la historia existe, más allá del materialismo dialéctico, una temporalidad progresiva, propia de la tradición judeo-cristiana, en donde el destino supone deparar un mundo mejor (el paraíso-comunismo) tras pasar por una gran crisis final (el Apocalipsis-revolución mundial).

Marx desconfiaba de los dioses, y de su utilización interesada por las instituciones. Pero tenía respeto por la fe de sus amigos. Como cuenta Tierno Galván: “Marx era ateo, pero siempre sostuvo que en los fundamentos de las grandes religiones superiores existen principios éticos congruentes con el socialismo. Las pocas veces que tuvo que asistir a actos religiosos testimonió el mayor respeto. El caso más claro es el del breve oficio religioso en el cementerio con motivo de la muerte Rogers, un amigo de Marx. Entró este a la capilla con sumo respeto, la cabeza inclinada, sin ostentación. Muchos socialistas no quisieron entrar. Uno de ellos llamado Kaufman le reprochó su conducta a la salida. Marx le explicó: “El servicio religioso, en cuanto tal, no significa nada para mí, pero yo he venido a acompañar a mis amigos, y no quiero ser descortés ni disgustarles. Usted señor Kaufman, dice que la religión le es indiferente, pero su comportamiento parece demostrar todo lo contrario.”

Pero desde una perspectiva política, Karl tuvo como ídolo a Prometeo. Aquel que robó el fuego de los dioses y lo compartió con el resto de la comunidad. Y quizás sin proponérselo del todo, porque era bien de su tiempo creer en “el Progreso” y en descubrir las leyes de la naturaleza (Darwin es contemporáneo de Marx), su capacidad y genio teórico le convirtieron en uno de los mayores profetas de la modernidad. Recordemos que los profetas en general, no solo anuncian la llegada del mensaje divino sino que también suelen cuestionar los pecados sociales por los cuáles se explican los conflictos y los problemas. En Marx tenemos una profecía por cumplir: superar el capitalismo; y una gran crítica a los malestares sociales: la propiedad privada y la desigualdad.

En una sociedad que cada vez era más alfabetizada y secularizada, las palabras de Marx dieron lugar a una nueva interpretación del pasado y del futuro. Con el encanto -horror para algunos- de que los protagonistas centrales del cambio final serían los parias del mundo. Y digo encanto porque parece “hacer justicia” con su descubrimiento y a la vez se liga con nociones sustantivas del cristianismo: en virtud de aquel apego de Jesús por los más desposeídos (“bienaventurados los pobres, pues de ellos será el Reino de los Cielos”). El Sermón de la Montaña tenía una nueva versión, industrial, científica y urbana con su “Proletarios del mundo uníos”

Pero como el joven Marx fue muy crítico del autoritarismo prusiano y del poder de la Iglesia, no tuvo opción de ejercer la docencia y fue deportado. Pasó por Bélgica y París. Allí descubrió militantes e intelectuales del amplio espectro del socialismo. Vale recordar que cuando su revista fue acusada de ser comunista Marx respondió: “No lo somos, pero lo vamos a estudiar”. Y se convenció, y lo empezó a mezclar con su bagaje filosófico (materialismo, Hegel, lecturas de antropología). Allí también conoció a Engels hacia 1845, y en medio de la última gran revolución liberal redactaron juntos el Manifiesto en 1848, con solo 30 años.

Pero su Liga de los Comunistas no tuvo gran llegada popular ni fue del todo tolerado por los liberales. Si bien era reconocido como un pensador radical, y pudo volver un tiempo a Alemania (hasta 1849) sus artículos resultaban molestos (y difíciles de rebatir) y lo volvieron a expulsar.

Retrato de Carlos Marx en 1875

3. La dura vida en la capital de El Capital

Finalmente se radicó en Londres, donde pasó enormes penurias porque no tenía trabajo fijo, su revista era deficitaria y hasta Jenny tuvo que empeñar las pertenencias familiares. Logró subsistir intentando disfrazar cierto confort bugués gracias a algún golpe de suerte (herencias, contratos con el New York Tribune) y el apoyo financiero permanente de Engels que se quedó con acciones de la fábrica del padre. Pero las quejas de Marx porque comen repetidamente mal, porque le debe al carnicero, porque no tiene para los remedios de los hijos (varios mueren al ser pequeños, el caso que más le shockeó fue el del varón de 11 años ya) aparecen reiteradamente en sus cartas a Engels.

A comienzos de los 1850’s su Liga de los Comunistas se disuelve. Quedan él y Engels nomás, con la idea de estudiar más y conocer con ciencia al capitalismo. Se pasará horas en la biblioteca de Londres redactando El Capital inconcluso. En vida solo vio la luz el primer tomo, y los otros dos los editará Engels post mortem reuniendo apuntes, esquemas e infinidad de citas.

Aquejado por muchos dolores intenta recomponer su lugar en la política. Dolores físicos y espirituales. Tenía malestar hepático y renal (se quejaba de no poder sentarse por largos períodos) y luego problemas pulmonares (moriría por tuberculosis). Su dieta era mala y no dejaba de fumar aunque se lo indicaran. Tuvo una historia con su ama de llaves (de la que se dice tuvo un hijo natural del que Engels se hacía como que era el padre) y eso completó el debilitamiento de la dinámica familiar ya de por sí compleja, por el exilio y las penurias. Pese a lo cuál, manteniendo cierto porte burgués, la familia no se separó.

Muchos testimonios (incluidas varias cartas del propio Marx) cuentan como su carácter se fue volviendo más áspero, agresivo, y estresado. Antes era un tipo de alegre pero con humor ácido y muy sanguíneo con los amigos cuando no pensaban como él. Pero se volvió más pendular aún. Él mismo se mostraba enloquecido por mejorar las finanzas de la familia consiguiendo ayudas y pidiendo préstamos (que muchas veces terminó “tapando” Engels). Desorientado cuando le faltaba plata para comprar los diarios y no podía seguir la política internacional (y le dificultaba poder escribir artículos para el Tribune). Desesperado por acabar con sus obra pero haciéndolo bien y citando todo lo que debía refutar. Incansable para participar en cuanto taller, mitín o reunión de obreros lo citaran con el fin de revivir la práctica política (es que él no era sólo un escritor, se había definido como un filósofo “transformador”). Abatido por las enfermedades de sus hijos y sus varios decesos. Aunque aliviado por el matrimonio de su hija, pese al alejamiento posterior con su yerno.

Uno mira hacia aquel periodo y encuentra a un Marx desplegando una labor gigantesca de construcción teórico-política, pero enredado en una dinámica familiar sinuosa y frágil, como su carácter. Es que parece al mismo tiempo desesperado y autoflagelante. Varias veces en que se peleaba con alguno de sus afectos (fuera con Jenny, fuera con Engels) Marx mismo escribe sobre su furibundas frases hirientes, volviendo sobre sus pasos (decía sentirse el peor de todos) y se disculpaba.

No es que hayamos llegado a una sección de chusmerío histórico anticomunista con lo anterior. Es que el tramo londinense de la vida de Marx, descuidado, problemático, coincide con un momento de profunda investigación y de estudio casi obsesivo, reiteremos que estaba escribiendo El Capital. Y con su construcción política más duradera, la AIT (Asociación Internacional de Trabajadores), sí logró tener delegados de casi 30 países y que puso de nuevo al comunismo científico en la agenda política. Pero con variadas rupturas, discusiones y escisiones (la más importante con Bakunin y los anarquistas).

Lo que me resulta interesante subrayar con aquellos datos es la mundanidad de Marx. Un poco para los que lo creen en un Dios, y otro poco para quienes desprecian a los teóricos por vivir en supuestas torres de marfil, aferrados a su sillón de biblioteca. No, Marx, uno de los más grandes teóricos de la modernidad tuvo un vida complicada, ni mejor ni peor que la de los demás. Tampoco fue una vida ejemplar o bohemia, con actitudes de dandismo. No, no, da la impresión de que el hombre estaba seguro de que tenía una genialidad entre manos, que se iba el tiempo y que a la vez tenía que encarar un poco mejor con su casa (aunque no le salía nada bien eso). Pero la cuestión no fue hacer de su vida un ejemplo o un culto, sino tratar de legar una obra y una práctica política para los demás.

4. Un final complejo: la muerte y el “Marx allá”

De ahí su intento final por dedicarse solo a escribir luego de que persiguieran y fusilaran a muchos miembros de la AIT en París tras las Comuna de 1871. Pero no era un escapismo espiritual, quería terminar de dar con el camino para el cambio. Igual si aparecía alguna “provocación” otra vez se metía en política y debatía con los socialistas alemanes sobre si hacer un partido parlamentario o no (cosa con la que no estuvo de acuerdo). Recibía a la prensa, iba a las huelgas, mangueaba a Engels, consiguió un lugar de mejor aire para sus pulmones y para despedir a su esposa enferma, pero se negó a que le elevaran a la condición divina. Cuando algunos discípulos que le idolatraban mostraron comportamientos fanáticos, frases repetidas mecánicamente cual catecismo y actitudes sectarias violentas supuestamente fundadas en el “seguir al pie de la letra sus ideas”, el viejo Karl les contestó que “si comportarse así era de marxistas, entonces a mí no me llamen marxista”.

Una cosa es la seguridad en la ideas y la ciencia, otra el sectarismo político. Una cosa es ser calentón, estresado y tener dramas en la casa, y otra confundir los afectos vinculares primarios con la energía de la acción política en sociedad.

En ese sentido creo que también vale recordar a Marx: como tenía una vida privada compleja, rara y angustiosa como la de cualquiera, y se le iban energías vitales allí, no confundió el trabajo científico filosófico político con “La vida”. Nunca dejó a frecuentar lugares de placer y ocio propios del desarrollo burgués (mientras lo pudiera pagar), pero no por eso dejó de denunciar (quizás con más fundamentos que nadie) la injusticia económica del capital. Y se enojaba mucho con los que criticaban sin saber o ponían pose de ser proletarios y no lo eran.

Quizás por esta combinación personal y política es que Marx no fue un gran político. Es cierto también que estuvo siempre cercado, corrido a un costado y que sus ideas generaban tanto admiración como problemas para sumar su forma de plantearlas desde una convicción tan segura. Va a morir casi que solo, con la compañía de Engels y su hija.

Pero enseguida se retomarán y discutirán sus textos, y la socialdemocracia alemana entrará en debates sobre estrategias y tácticas a partir lo que Engels siga publicando… un Marx que publicaba después de muerto. Un Karl que era traducido a muchos idiomas luego de haber dejado La Tierra. Por aquí lo trajo José Pedro Varela, a Rusia lo llevó Plejanóv (que sería maestro de Lenin)… un tal Mao lo traduciría al Mandarín.

Tres cosas que son, en buena medida, la explicación de su trascendencia. Por un lado, protestó de forma apasionada y romántica, crítica y permanentemente contra a las injusticias sociales. Por otro lado desplegó una inusitada rigurosidad científico-filosófica para describir esas injusticias, analizar sus causas y proponer alternativas. Y por último, enlazando las dos anteriores, sus textos generaron la última “buena nueva” de la modernidad, la noticia de habría un mundo mejor posible para todos. Si el liberalismo se mostraba incompleto y la industrialización desigual, el socialismo sería la solución de progreso para todos. Y en una sociedad que perdía fe en las iglesias, y se hacía cada vez más materialista (en el sentido vulgar del término) no resulta tan raro entonces que aquel “negro” ateo de pedigree judeo-cristiano genial, curtido por una vida común y compleja (como la de los que más) y comprometido con la filosofía, la ciencia y la política para intentar cambios, haya generado esperanza.

 

COMPLEMENTO

Obra de Marx

1 - Síntesis filosófica de la modernidad: si bien comenzó estudiando derecho, rápidamente se fue para la filosofía (tuvo un pasaje de poeta enamorado de joven también) y luego a la historia y a la economía. Lector voraz y cultísimo, obsesivo por citar todo lo que leía para fundamentar sus críticas, Marx es un gran resumen de la nueva filosofía de la ilustración humanista pasada por el giro hegeliano de incorporar la dialéctica como método para analizar la realidad material con el fin de transformarla. Una mezcla de Voltaire, Kant, Hegel y Rousseau, con condimentos de Adam Smith y David Ricardo, sazonada con sabores de los socialistas y anarquistas. Se puede observar una intención clara de fusionar filosofía y ciencia para entender y descubrir las leyes de la historia y poder así operar sobre ella. Una búsqueda de la verdad sustantiva a través de una narración globalizadora que creía encontrar las claves del funcionamiento del mundo y sus injusticias remediables. Una filosofía-ciencia para la acción y no la contemplación, pero que al mismo tiempo se convertía en un gran relato sobre el devenir del hombre, sus contradicciones y la posibilidad de superarlas.

2 - Crítica económica al capitalismo con herramientas de la economía clásica

Tras acercarse a la antropología y estudiar el comunismo (al que Marx se convirtió) comenzó a desarrollar un creciente interés por la Economía Política, y siguiendo a los autores clásicos (Smith y Ricardo) que habían descubierto el origen de la riqueza en la división del trabajo y el funcionamiento libre del mercado, Marx investigó la teoría del valor y planteó la pregunta de por qué el mercado generaba desigualdad. A partir de allí construyó la noción de plus valía y formuló la idea de que los mercados tienden al monopolio y la concentración de capitales sin poder escapar de las crisis de superproducción. Agregó a esto la noción de extrañamiento o enajenación del trabajo, observando el creciente proceso de alejamiento de la relación entre el trabajador y el producto de su trabajo en la sociedad industrial. Su objetivo central, señalar a la propiedad privada y a la avaricia como principales responsables de la desigualdad.

Estas críticas sobre las desigualdades y las crisis del sistema, enmarcadas en su concepción dialéctica, le dieron pie para sostener la posibilidad de una futura revolución mundial protagonizada por los proletarios. Es interesante notar que Marx, tan crítico del capitalismo como se lo presenta, era un defensor de su carácter modernizador y partidario de la globalización, en la medida que ambos fenómenos (capitalismo y globalización) generaban mejores condiciones tecnológicas para desarrollar las sociedades agrarias y feudales, y pasar a fases más avanzadas de producción, consumo, satisfacción de necesidades y ocio.

3 - Mirada histórica a la evolución social de la humanidad con una promesa de paraíso en la tierra

Los dos puntos anteriores se fusionan en la concepción materialista y dialéctica de la historia. A partir de un determinismo económico, tecnológico y social, Marx creyó poder descifrar las diferentes fases de la historia humana y ver que en ellas el principal motor de los cambios a la hora de construir instituciones, leyes, gobiernos y religiones eran los conflictos de clases. Afirmar que “la lucha de clases es el motor de la historia” supuso dejar de lado fuerzas divinas o superiores a las personas para entender el sentido de la historia: ni las ideas, ni los dioses, ni la nación o el destino son las explicaciones últimas del porqué de los cambios. Estos solo se pueden entender según Marx a partir de las contradicciones de intereses entre explotados y explotadores, y en tal sentido, las revoluciones son un claro ejemplo de los avances dialécticos de la humanidad.

Lo interesante es que Marx observó cómo estas contradicciones se daban desde la Antigüedad (amo-esclavo), el feudalismo (Noble-vasallo) y el capitalismo (patrón-obrero). Y propuso un cierre, un final, a esta lógica binaria de negación de la negación. Según él, con el proletariado internacional se acabarían las contradicciones, porque una vez en el poder, los obreros, esclarecidos por la filosofía comunista y por su experiencia solidaria, irían a construir unas relaciones sociales sin propiedad privada y por ende se cerraría el ciclo de la “prehistoria” de la humanidad. Marx se imaginaba un mundo tan avanzado tecnológicamente que, con otra lógica redistributiva, daría la posibilidad de producir bienes para todos. Esto, haría de la abundancia un paraíso y no un factor de crisis y nadie estaría con necesidades insatisfechas. No habría necesidad de robar ni de tener burócratas administrando recursos escasos. El estado desaparecería y todo sería de todos, pero no compartiendo las migajas (Marx nunca hizo un culto a la pobreza por más que fuera muy mala su economía familiar) sino en una sociedad más avanzada y sin explotación.

4 - Método de análisis para las ciencias sociales

Las ideas anteriores presentadas en este resumen casi parecen un cuentito, pero es importante subrayar que su elaboración fue producto de la combinación de los estudios filosóficos y académicos de Marx, a partir de los cuáles comenzó a desarrollar un método de análisis y síntesis muy riguroso y fundamentado. El modelo de los modos de producción, más allá de las posteriores vulgarizaciones, sugiere un conjunto de estrategias para indagar sobre la evolución de las sociedades concretas, a partir de la identificación de las principales contradicciones que se dan en nuestra experiencia social. La relación de los seres humanos con la naturaleza y sus recursos ocupa el primer lugar, luego vienen las relaciones entre las personas para transformar la naturaleza y poder vivir, tras lo cual emergen los componentes super-estructurales: religión, derecho, gobierno, ideologías… Esta propuesta de enfoque, convertida en un esquema mecánico y determinista, puede resultar simple y gibarizada. Pero como ha señalado el historiador Pierre Vilar, la idea de formalizar un modelo de análisis para mirar lo social y descubrir las formaciones sociales concretas incluyendo las variables dinámicas del tiempo y la dialéctica, en absoluto hacen del modelo una cuestión mecánica y apriorística. Muy por el contrario, se trata un modelo abierto a reformulaciones, que el propio Marx, y también Engels, varias veces revisaron, afinaron, y nunca plantearon como algo cerrado y definitivo.

Esta cuestión es importante para rebatir las visiones de que las Ciencias Sociales son menos duras o no tienen método, y además son parte esencial de la filosofía para la acción, es decir: para transformar la realidad hay que conocerla, y para conocerla se precisa de un método científico además de buena voluntad o mejores intenciones.

5 - Promoción de la Asociación Internacional de trabajadores y rechazo a la socialdemocracia

Marx no pudo desarrollar una actividad académica como docente porque rápidamente pedían su deportación ya que sus ideas y su actitud eran muy críticas. Tampoco parece haber tenido el carácter como para integrar alguna cátedra universitaria en donde él no fuera la figura principal, y tenía dificultades para construir vínculos si no se estaba de acuerdo con sus ideas. Sin embargo hay una veta didáctica o de buscar la formación de los otros a partir de una profusa actividad periodística y política. Fue redactor de cientos de artículos, jefe responsable de la Gaceta Renana en dos épocas y al mismo tiempo fundó la Liga de los Comunistas hacia 1848 y luego la Asociación Internacional de Trabajadores en 1862.

La Liga de los Comunistas tiene vida durante la revolución de 1848, participa en París y en Alemania, pero no logra que sus ideas prendan ni en los sectores trabajadores ni en la burguesía alemana, que una vez derrotada la nobleza comienza a perseguir a Marx y sus planteos incendiarios.

Exiliado definitivamente en Londres y abocado investigar el funcionamiento del capitalismo, participa en cuánta reunión obrera lo invitan y empieza a tejer redes para formar una asociación internacional de trabajadores en la que finalmente participarán delegados de más de 30 países y de diversas tendencias. Muchos de los franceses por ejemplo, tomarán parte de la experiencia de la Comuna de París. Mientras que los anarquistas, liderados por Bakunin, terminarán rompiendo con Marx. Al tiempo que muchos alemanes optarán por crear un partido de obreros, cosa con la que Marx no estuvo de acuerdo.

Da la impresión de que Karl creía en formar más un movimiento flexible que se adaptara a la revolución que estaba por venir, que una organización disciplinada y rígida que participara de la agenda política inmediata. Como si su creencia en haber descubierto las leyes de la historia le hiciera desconfiar los atajos políticos que no dudaba en descalificar como reformistas.

 



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